Existe una relación casi mágica entre el Barista (maestro cafetero) y la persona que va a disfrutar tan exquisita bebida, sino que alguien me explique como saber cual es el color, la temperatura, y la textura de "un con leche clarito, tibio y bien cremoso, por favor", y que después el degustador te diga: "Gracias, esta perfecto justo como lo pedí" no hay medidas especificas, ni se usa un termómetro ni podemos aplicar una formula para medir la densidad. Es una conexión, un feeling, alquimia, aquí es donde entra la intuición. Aquí radica la razón por la que, cuando el café esta justo como lo pedimos, somos agradecidos con el Barista que nos lo prepara y regresamos todos los días fielmente, porque de alguna manera se crea un vínculo mágico.
En Venezuela tenemos la fortuna de poder tomar un buen café en cualquier rincón del país. Hasta en la panadería más alejada de la civilización conseguimos una máquina de expresso manejada con pericia por quien aprendió empíricamente guiado por los dioses. En Brasil, por ejemplo, en muy pocos lugares lo puedes conseguir, solo en cafés muy particulares de las grandes ciudades, del resto se consigue dos grandes termos con leche y con café colado. El buen café, popular, tomado de pie en una vieja barra de granito con una antigua maquina de cobre, solo pasa aquí.
Cualquier acontecimiento es una maravillosa excusa para tomar café. Para aproximarse a una chica, para contar una intimidad a la mejor amiga, para discutir un negocio, para reír entre amigos, hasta para una reconciliación, un cafecito es un leitmotiv. Cuando una amiga nos llama y dice: "¡Terminé con mi novio!", acto seguido viene el "¡Vamos a tomarnos un café! ..y me cuentas". En el fondo el café es un medio para encontrarnos, tocarnos, vernos a los ojos y comunicarnos francamente. Es como entrar en un espacio paralelo demarcado por el embriagante aroma en donde la comunicación fluye armoniosamente y sin tapujos, simplemente....... teniendo el café como testigo.