viernes, 18 de junio de 2010

EL CAFE COMO TESTIGO

Muchas de las actividades cotidianas están marcadas por rituales, y existe en el mundo gran variedad de ellos, pero nada mejor que los relacionados con el arte de deleitar al paladar. Esos en donde los sentidos invitan al disfrute y los aromas te transportan a vívidas imagenes, haciendo de este una experiencia totalmente sensorial.

En Europa tienen la hora del te, en Asia el ancestral ritual de servir esta aromática hierba, los norteamericanos el coffee break, los sureños se toman unos mates. En Latinoamerica y sobre todo en Venezuela tenemos uno, muy particular: "¡Vamos a tomarnos un café!" cotidiano, atemporal, abstracto y totalmente personal. El guayoyo en casa al despertar, el con leche a media mañana con los compañeros de trabajo, el negrito infaltable después del almuerzo, el marrón claro grande con las amigas de la universidad por la tarde, un capuccino en la noche con el pretendiente del momento, todos disfrutamos de un buen café, sobre todo si se está acompañado.

Debo puntualizar que preparar un buen café no es tarea simple, aprendí lo básico en un restaurante en Caracas, a saber: La molida del café debe tener una granulometria particular para que no tape el colador pero que logre extraer la crema del café, no tostar el café al momento de la colada gracias a la presión que se le da al momento de dosificarlo, colar solo lo necesario para evitar que se oxide el resto, calentar la leche lo suficiente para que espese pero sin quemarla y memorizar las cantidades para preparar los diferentes tipos. Después de aprender los conceptos técnicos solo la practica y el desarrollo de la intuición pueden producir un buen café y no hay mejor lugar para que esto pase que La Gran Sabana.

Existe una relación casi mágica entre el Barista (maestro cafetero) y la persona que va a disfrutar tan exquisita bebida, sino que alguien me explique como saber cual es el color, la temperatura, y la textura de "un con leche clarito, tibio y bien cremoso, por favor", y que después el degustador te diga: "Gracias, esta perfecto justo como lo pedí" no hay medidas especificas, ni se usa un termómetro ni podemos aplicar una formula para medir la densidad. Es una conexión, un feeling, alquimia, aquí es donde entra la intuición. Aquí radica la razón por la que, cuando el café esta justo como lo pedimos, somos agradecidos con el Barista que nos lo prepara y regresamos todos los días fielmente, porque de alguna manera se crea un vínculo mágico.

En Venezuela tenemos la fortuna de poder tomar un buen café en cualquier rincón del país. Hasta en la panadería más alejada de la civilización conseguimos una máquina de expresso manejada con pericia por quien aprendió empíricamente guiado por los dioses. En Brasil, por ejemplo, en muy pocos lugares lo puedes conseguir, solo en cafés muy particulares de las grandes ciudades, del resto se consigue dos grandes termos con leche y con café colado. El buen café, popular, tomado de pie en una vieja barra de granito con una antigua maquina de cobre, solo pasa aquí.

Cualquier acontecimiento es una maravillosa excusa para tomar café. Para aproximarse a una chica, para contar una intimidad a la mejor amiga, para discutir un negocio, para reír entre amigos, hasta para una reconciliación, un cafecito es un leitmotiv. Cuando una amiga nos llama y dice: "¡Terminé con mi novio!", acto seguido viene el "¡Vamos a tomarnos un café! ..y me cuentas". En el fondo el café es un medio para encontrarnos, tocarnos, vernos a los ojos y comunicarnos francamente. Es como entrar en un espacio paralelo demarcado por el embriagante aroma en donde la comunicación fluye armoniosamente y sin tapujos, simplemente....... teniendo el café como testigo.



sábado, 5 de junio de 2010

CRONICA DE MIS CAMINATAS

Todas las mañanas tengo la maravillosa oportunidad de realizar una caminata en un hermoso parque de la ciudad en donde vivo, experiencia que además me permite estar con mis pensamientos, tomando conciencia de mi cuerpo y de mi ser.

Hacer contacto con el ambiente permite hacernos participes del movimiento natural de las cosas, disfrutando del canto de los pájaros que se amalgama con el ritmo de la caminata, el viento que oxigena el cuerpo y un murmullo constante de la imponente cascada que invita a relajar, dejando que los pensamientos vuelen para sentir una liberación total.


Además de permitirme realizar un trabajo personal, diariamente tengo la fortuna de cruzarme con una diversidad de seres que al igual que yo disfrutan de esta experiencia, cada uno con su motivación personal. Esta interacción me permite enfrentarme con situaciones humanas geniales, como el que se baña en perfume antes de ir a trotar, los que hacen yoga, la señora que trata de verse el aura de las manos a través de los rallos de sol que atraviesan las hojas de los arboles, nunca falta un señor muy entrado en años que me pasa trotando no menos de cinco veces mientras yo hago la caminata, el que va con su Ipod escuchando su música favorita, una única señora que perturba con su audio, que por cierto, hace poco descubrí que se trataba de una grabación cristiana y en ese momento diviso un grupo de hombres musulmanes que caminaban conversando entre ellos, mientras atrás, muy atrás venían dos mujeres ataviadas con sendas Burkhas, totalmente de negro y en donde no se le divisaba ni siquiera el contorno de los ojos.


En ese momento se me ocurrió pensar que sería interesante saber que pasa por la mente de esas mujeres que desde el interior de su escondite observan el mundo, que además se cruzan con una mujer que a todo volumen proclama de manera exagerada la palabra de su Dios, ambas seguidoras de sus dioses, con reglas y creencias, paradigmas que coartan o liberan.


Por un instante, mi lado feminista se sintió perturbado y me encontré juzgando esa condición en la que esas mujeres han vivido durante cientos de años. A la final concluí que nadie tiene la potestad de definir lo bueno o lo malo para cada quien, cada ser se permite vivir lo que le toca vivir y tiene la libertad de afrontarlo de la manera que le plazca, con alegría o sufrimiento, con odio o con amor…..


La decisión es de cada quien, vivir la vida de una manera u otra es una opción personal, que a la final es lo que enriquece la espectacular diversidad que tenemos en casa, nuestro planeta.